Santiago y su smog

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2.000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.

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Estudiar arquitectura sin morir en el intento

Hola, soy José Miguel Peña Virgili y para comenzar en este apasionado mundo del blogging, voy a reflexionar un poco sobre mi época universitaria, donde di el máximo de mí mientras aprendía a ser arquitecto. Pero no voy a escribir sobre el oficio -no creo saber nada tan revelador al respecto como para tener que compartirlo con otros- sino que hablaré sobre ser un estudiante de arquitectura, y todas las lecciones de vida que eso te deja.

A mí me costaba sacarme buenas notas en arquitectura –de hecho, todavía no entiendo cómo sobreviví a primer año, a decir verdad. Estudiar arquitectura es sobrecogedor, apabulla aprender a leer, escribir y hablar en el lenguaje del “diseño”, un lenguaje que no entiendes pese a que ha rodeado tu vida desde el primer recuerdo hasta el día presente. Perdí el trabajando arduamente durante noches enteras para recibir sólo críticas negativas al día siguiente, al entregar. Como todo universitario me cuestioné si valía la pena estudiar y romperse el lomo semestre a semestre, semana a semana, entrega a entrega. Yo no era un alumno aventajado, de esos que dibujaban en plano o manejaban los conceptos de sección y perspectiva casi como ponerse desodorante todos los días… Todas sus ideas parecían siempre estar en lo correcto, y además, y esto es muy importante, sabían «vender» sus entregas a las comisiones evaluadoras.

Tras graduarme, comencé mi carrera de arquitecto y ha sido un largo viaje en el que me he convertido en un profesional; en un hombre con una caja de herramientas y destreza en mi campo.

Les quiero compartir un listado de cosas que aprendí estudiando arquitectura y que no enseñan en la sala de clases. Todas estas cosas me ayudaron a recorrer este sendero, crecer y convertirme en quién soy hoy en día.

7 cosas que no te enseñan en arquitectura y aprenderás en el camino.

 1.- Tu profesor, tu cliente.

Debes hacer que tus profesores estén tan convencidos como tú, de tu tarea; así como cualquier cliente que acepta formar parte de un proyecto, necesitas que entiendan que hay coherencia y adhesión entre la pauta y tu diseño, como mínimo. (Reforzaré esta en el punto 5, más abajo). En el mercado general, la empresa que mejor puede transmitir sus valores e ideas en el medio que corresponda, suele ser la empresa que consigue más clientes, más ventas y mejores ofertas. De la misma forma, el alumno que mejor explique su punto, es probablemente a quien le vaya mejor.

Ser profesional es lo más importante. Créete el cuento, tus profesores también tienen una vida fuera de la sala y es un buen camino demostrar respeto por su tiempo y labor trabajando según sus conocimientos, consejos y guías. No olvides nunca que si necesitas ayuda, debes pedirla. Es importante estar consciente de tus capacidades y de la optimización de recursos personales en cada proyecto que emprendas. Entender a tu profesor (y futuros clientes) te ayudará mucho a entender y valorar sus conocimientos y motivaciones. Es más fácil estar preparado y saber a qué atenerte si te tomas el tiempo de conocer las sensibilidades de tus clientes a la hora de presentar tus proyectos.

2.- Tienes que tener pasión.

Se sabe que llegará cierto momento en el que todo estudiante de arquitectura se desanimará y perderá la fuerza que lo motiva. Es muy importante hacer una pausa  para analizar y entender qué pasó. Cambia el foco y no dejes que nada interfiera entre tú y tu pasión. Nunca sientas que estás haciendo el trabajo porque debes hacerlo. Siempre debes buscar qué es lo que quieres hacer porque te motiva y quieres hacerlo para ti o para cualquiera que lo pueda apreciar. Sufrir en el proceso, ¿vale la pena? Responde esta pregunta desde el fondo de tu ser y sigue adelante.

3.- Ganar o perder no vale.

Lo más importante es llegar a un consenso entre el proceso realizado y los resultados obtenidos. Al fin y al cabo, la arquitectura siempre será subjetiva. La comisión evaluadora no verá que pasaste de largo trabajando la noche anterior, luchando con la silicona que no se derretía como corresponde para armar la maqueta o con que el cansancio te nubló la vista y una cota en el transcurso de la noche, perdió su límite. Van a obviar elementos que a ti te parecen interesantes y por otra parte, también podrían considerar aspectos que sin querer ellos ven y tú no. Para qué hablar si no les gusta la entrega… Es cuestión de opiniones y de ellas hay muchas. A la larga, te harás el tiempo y la paciencia para preocuparte sólo de la tuya. No midas tus éxitos con reglas ajenas porque necesitas tener tus propias reglas. Conocerás cuáles son tus estándares, tus objetivos personales y las metas que quieres concretar al término de cada entrega.  Esto, a mi juicio, es más importante que intentar complacer al resto. Documenta todo tu trabajo, compártelo en la red, en comunidades, foros y sitios de arquitectura, no temas a mostrar tu trabajo. La crítica constructiva funcionará a tu favor si pierdes el miedo de mostrar lo que haces. Podrás satisfacer tus propias expectativas y crecerás experimentando el talento de la interacción entre los diálogos que puedan desarrollarse con tus pares.

4.- Todo es una fuente de aprendizaje.

Como estudiante de arquitectura, no debes restringir tus influencias sólo a profesores y colegas, es importante contar con ellos, pero la mejor fuente de inspiración es estar atento a lo que está pasando en la industria. Conocerás distintos puntos de vista, quizás algunos que nunca habías imaginado, los que te ayudarán a resolver problemas saliendo de la lógica típica a la que uno se expone.

Comienza por redactar pautas de tus proyectos, tratando de resolver temáticas que te apasionen, como acceso a áreas deportivas o zonas de esparcimiento y recreación si te parece. Asiste a clases de arqueología, cerámica, ciencias biológicas si te parece, pero haz que crezca tu caja de herramientas intelectuales y aprende a pensar en arquitectura desde todas las aristas.

5.- Traspasa las reglas.

Un brief es una base. Los profesores siempre darán una guía de lo que deberás hacer según lo enseñado, pero la idea es aplicar lo aprendido y deberás ir más allá de los requerimientos mínimos dictados por la pauta. Obviamente hay reglas que no podrás romper: “el edificio debe ser de cuatro pisos” o “la construcción debe estar 5 metros más allá de la vereda”, no obstante, si se te ocurre una mejor solución, puedes renegociar la pauta, explicando y entendiendo por qué lo estás solicitando. La mejor herramienta es hacerse preguntas, cuestionar todo te llevará a mejores descubrimientos. No habrán respuestas correctas y sólo dependerá de a quién se la hagas.

A futuro, te servirá más desafiar las reglas y preguntarte todo lo necesario para dar el máximo que estar cumpliendo los encargos al mínimo, sólo por entregar lo que pide el profesor, sin reflexionar sobre lo que debes crear. Plantéate la idea de trabajar en arquitectura desde el cómo funciona en vez de preguntarte: cómo se verá. Lograrás destacar de entre la multitud si logras proponer ideas nuevas que aporten a la sociedad, es la única manera de encontrarle el valor a tu trabajo y tus esfuerzos empleados.

6.- Aprende a gestionar proyectos.

Si te toca ser el jefe de proyecto, no sólo deberás tener alma de líder. Aprenderás que todo lo que se pueda demorar, se va a demorar. Esto pasará mientras estés en la universidad, en tu futuro trabajo; en la vida en general.  Yo creo que esto funciona de este modo porque la arquitectura es una labor tanto cualitativa como cuantitativa, lo que nos hace renegar de la línea de meta. Nunca he sentido que uno de mis trabajos es “perfecto”, y sé que todos mis colegas hubiesen querido hacer por lo menos una cosa distinta en al menos un proyecto de su carrera. Un equipo, debe trabajar juntos. Deben entender la importancia del trabajo que cada uno está haciendo. Esto te ayudará a entender en dónde hacer cuánto, permitiéndote tomar decisiones informadas como jefe de un grupo que da lo mejor para sí y para el resto, pero sin tener que esforzarse por cinco. Ser un buen líder dependerá de tu buena gestión de los recursos humanos y tus habilidades de compañerismo, nada más.

7.- Necesitas mejorar en todo ámbito.

La capacidad de comunicar tus ideas y proyectos es fundamental. Necesitas manejar el lenguaje verbal, escrito y visual. Esas serán tus herramientas y deberás saber bien cómo usarlas. Mucho mejor que Tus herramientas y capacidades de expresión serán tus mejores aliados. A veces, saber buscar bien, usar más de un programa CAD o trabajar trabajar pensando en cortar con láser en vez de usar el corta cartón, te puede salvar en un proyecto.

No debes fuera establecer vínculos con personas dentro como fuera de la universidad. Muchos estudios de arquitectos se forjaron por amigos que se conocieron en la universidad. Más allá de gente confiable hoy, piensa en que tendrás contactos a futuro. Construye estos lazos porque fortalecerá tus conocimientos respecto a la industria y mejorará las relaciones profesionales el día de mañana.

Estos son algunos de los consejos y enseñanzas adquiridas a lo largo de mi carrera. He visto a muchos alumnos coartar sus posibilidades para comenzar a trabajar porque se negaron a la posibilidad de experimentar y descubrir más allá de la pauta. No te anticipes a obtener un resultado. La investigación, los recursos, el equipo que utilices y el foco se cerrará sólo a este resultado fijo. Por el contrario, si te propones dar un paso más allá del brief, podrás ser más proactivo, resultarán los planes desde imprevistos interesantes y tendrás un enfoque más natural durante el desarrollo de tus proyectos.

Encontrar tus propias respuestas es la clave. Nadie puede enseñarte nada si no te atreves a crear con tus propias manos y a expandir tus horizontes por voluntad propia.

Espero que esta reflexión los guíe. Ya me hubiese gustado tener más herramientas comunicacionales en mi época, pero a otro perro con ese hueso.

Nos leemos pronto.

José Miguel Peña Virgili.

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