Planos del futuro terminal 2 de Valparaíso.

La urgencia que tiene Valparaíso por reconstruir su insfraestructura portuaria sin descuidar su patrimonio

 

En toda una polémica local y regional se transformaron los proyectos de construcción del nuevo Terminal 2 del Puerto de Valparaíso y la edificación de un mall en el sector Barón del Puerto.

Pero, como muchas veces, es necesario tener una o varias miradas en perspectiva, para intentar rescatar los elementos positivos o negativos de estas obras que son más que proyectos, porque ya han pasado etapas de evaluación, y se encuentran muy avanzadas hacia su concreción.

Una ciudadanía empoderada no es la que se atreve a exigir acciones a sus autoridades, sino que antes se necesita con urgencia que esa ciudadanía tenga las informaciones y las perspectivas más completas para que sus determinaciones tengan el suficiente fundamento que sirva para que esas exigencias apunten al crecimiento y no a la autodestrucción.

Lo primero es convenir que Valparaíso es una ciudad puerto, que históricamente ha brillado en Chile y en el mundo por su importancia en ese contexto.

La esencia y riqueza total de la ciudad nace y puede morir en ser lugar de tránsito para la llegada y salida de mercancías, fundamentalmente, de todo el país, e incluso internacional.

Pero esa naturaleza tiene desafíos trascendentales, que más allá de discusiones acerca de detalles que pueden ser muy relevantes, la mirada en perspectiva debe obligarnos a observar.

Se dice mundialmente que el rendimiento de un puerto es el mejor indicador acerca del nivel de la economía, y quizás de la calidad de vida de una nación.

Ese ha sido el barómetro que significa Valparaíso para Chile. El puerto es primero, es lo que da razón y existencia a la ciudad que se levantó a su alrededor y en su nombre. Luego, ese conjunto sinérgico es lo que ha dado fama y reconocimiento mundial por su patrimonio cultural por cerca de 500 años.

Si el puerto es lo que dio vida a la ciudad, entonces la principal preocupación para el país y para todos debiera ser el cuidado de su desarrollo junto con la precaución ante las amenazas a estas condiciones.

Valparaíso no está dentro de los 20 principales puertos del mundo que informa el Top World Container Ports, ni tampoco dentro de los puertos más destacados del Océano Pacífico, lugar que por lejos ocupan los países y zonas del lado asiático como China, Singapur, Malasia, Hong Kong, o Corea del Sur.

Por el lado americano existen competidores muy fuertes que avanzan a pasos agigantados como Long Beach y Los Ángeles en Estados Unidos, Panamá, Guayaquil y Manta en Ecuador, El Callao en el Perú, e incluso los puertos de Arica y San Antonio en Chile, el primero de ello ayudado por el tránsito permanente de un cuarto de las exportaciones de Bolivia, mientras “Pancho” arriesga dormirse en los laureles.

Internacionalmente el movimiento de un puerto se mide en TEU, que en promedio corresponde a la carga o descarga de contenedores de 20 pies, ubicando a los puertos asiáticos por entre 20 a 35 millones de unidades al año, mientras Valparaíso mueve solo 1 millón, que aunque sigue siendo de los mayores en América, ya ha tocado techo con la actual infraestructura, mientras sus competidores como El Callao, según datos de la Comunidad Andina, crece exponencialmente por sobre el 2,3%.

En ese contexto, no cabe otra conclusión que la necesidad de sobrevivencia de construir el Terminal 2 del puerto.

La discusión entonces se une en perspectiva a la del mal del sector Barón, y se alinea con polémicas en otras zonas de Chile, como fue el levantamiento de un centro comercial en Chiloé: Ante la necesidad el problema no es si construir o no construir, sino que hacerlo en armonía para potenciar el patrimonio y la identidad de una geografía natural o urbana.

Desde el año 1850 Valparaíso ha hecho noticia por destructivos e irreparables incendios de sus construcciones patrimoniales, lo que incluso provocó la fundación en el país del cuerpo de Bomberos, pero que hasta nuestros días  dan cuenta de una necesidad urgente de protección que debiera ser más importante incluso que el miedo a nuevas construcciones que pudieran impedir verlas, descubrirlas, o por cierto reemplazarlas.

El año 2010 con posterioridad al Terremoto del 27/F, nació en Chile el Fondo del Patrimonio Cultural que desde entonces reúne aportes privados y públicos entorno a los $5 mil millones de pesos anuales para la restauración y conservación de sitios y obras urbanas de esas características.

Sin duda fue un salto necesario y positivo para Chile, pero es absolutamente insuficiente para las reales necesidades, no olvidemos que el paso del tiempo implora cada vez con mayor urgencia ocuparse de las obras del pasado del puerto de Valparaíso, incluso más que de su presente.

Mi columna también fue publicada en el siguiente sitio:

Valparaíso requiere mayor infraestructura y cuidado de su patrimonio

Espero sus comentarios.

Saludos.

José Miguel Peña Virgili.

Share This: