Torre

La Torre Entel: Los casi 42 años de un ícono urbanístico santiaguino

Saludos a todos. Les escribo, para hablarles de uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura capitalina: la Torre Entel.

Terminada de erigir el 30 de agosto de 1974, este edificio es hoy una de las principales atracciones para los turistas que desean una postal santiaguina imperdible. Sus más de 120 metros de altura, su estilo futurista, las luces que anuncian su presencia desde varios kilómetros a lo lejos y todo lo que significa para muchos en términos de orientación, la vinculan con un pasado reciente de crecimiento y vanguardia arquitectónica.

Si bien fue construida en una década ajetreada políticamente y en medio de paralizaciones y descontento por parte de los trabajadores de la compañía, tardó apenas 4 años tras su finalización para comenzar a ser el lugar de operaciones de todos los equipos que cursan el tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza, la Red Troncal Nacional sur y norte y, además, el punto de interconexión entre los servicios públicos de telefonía, televisión y radiodifusión.

Este edificio fue pensado como “La Torre Eiffel chilena” en 1967, fecha en la que se llamó a cuatro oficinas de arquitectos a concursar en su diseño. La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz, quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández.

Me declaro plenamente de acuerdo con las palabras del arquitecto Sebastián Gray en Plataforma Urbana cuando dice que esta torre es “icónica y fuera de lo común” y que, de hecho, “el conjunto que rodea a la torre es un buen marco, y a nivel de paisaje urbano está muy bien concebido”. Todo esto porque se sitúa en pleno centro de la ciudad –Alameda con Amunátegui, a metros de La Moneda- y en las inmediaciones de barrios patrimoniales que se enriquecen enormemente con su presencia.

Sin embargo, es en 1992 cuando se instala una tradición para esta torre que termina por envolver a toda la ciudadanía chilena. Ese año, tras una ardua planificación, se celebra la fiesta de año nuevo con un espectacular lanzamiento de fuegos artificiales desde casi 100 metro de altura, en un show pirotécnico que puede ser visto desde casi cualquier rincón de la ciudad.

La gracia de la existencia de íconos como este en las grandes ciudades va mucho más allá de la mera funcionalidad de una estructura tan alta como bien aprovechada. Urbanísticamente hablando, es importante  en la carta de presentación de una capital como Santiago, la aparición de elementos, tanto naturales como de obra humana, que permitan diferenciar su paisaje de cualquier otra urbe del mundo. En el caso de la Torre Entel, es tremendamente nutritivo el aporte que genera en una de las áreas más agitadas y es apreciable el valor agregado que le traspasa al bandejón de la Avenida Libertador Bernardo O´Higgins, al cerro Santa Lucía, la casa de gobierno y el cerro San Cristóbal, cada uno visible desde la cima del otro, como los hermanos más notables en una panorámica citadina de hermosos contrastes.

¿Qué tan suya siente el santiaguino a esta torre?

Espero sus opiniones y comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

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Santiago y su smog

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2.000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.

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