Cinco películas donde la arquitectura es importante

Desde pequeño, mi vieja me decía: “José Miguel Peña Virgili, tú serás cineasta”. El cine es un arte que me apasiona mucho. Me transporta a paisajes, parajes y múltiples escenarios que jamás pensé descubrir. Buscando en internet, encontré este listado de cinco películas donde la arquitectura juega un papel muy importante en el desarrollo de la trama. Personalmente, me parece maravilloso que alguien más comparta mi opinión acerca del rol de la arquitectura a la hora de contar historias en cine, y me sorprendió gratamente ver North by Northwest de Hitchcock en la lista.

“Este lío de espías lo tiene todo: el monte Rushmore, el hotel Plaza, el edificio de las Naciones Unidas—y una casa inspirada en el trabajo de Frank Lloyd Wright (estaba fuera de todo presupuesto contratar al arquitecto en persona). Ah, sí, también sale Cary Grant.”

Me hubiese gustado ver una película de gusto un poco más complejo, como Cremaster 3, donde la protagonista de la película es la Torre Chrysler, pero considero que este listado es una buena forma para empezar a entender la importancia de la arquitectura en el arte contemporáneo.

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Conceoción, una ciudad muy distinta a todas.

Día del Patrimonio Cultural: ¿Qué nos hace sentir que estamos en Concepción?

 

Hola, amigos.

Para los que aún no saben, soy José Miguel Peña Virgili y como arquitecto de la Universidad del Bío-Bío, quiero hablar sobre el hecho de que este 29 de mayo nuestro país conmemora el Día del Patrimonio Cultural, momento para recorrer obras artísticas, ver esculturas o monumentos nacionales, pero también es la oportunidad para que la sociedad reflexione acerca de la importancia de cuidar la memoria, reflejada en su patrimonio arquitectónico.

Desde el punto de vista legal, en Chile existe desde el año 1970 la Ley 17.288 que protege los monumentos históricos, públicos o arqueológicos, las zonas típicas y los santuarios de la naturaleza. Mientras, en el año 1972 la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), reunida en una convención mundial en París, definió que “Patrimonio Cultural” también son los monumentos y obras arquitectónicas, las obras de arte o arqueológicas, las construcciones humanas aisladas o reunidas, cuya arquitectura les da un valor excepcional, desde el punto vista histórico.

Entonces, la pregunta es ¿qué nos hace sentir que estamos en Talcahuano, en Chiguayante, en San Pedro de la Paz, en Penco, en Concepción o en cualquier otra ciudad del país?, ¿qué hace diferente a una ciudad y por consecuencia a sus ciudadanos de otra?

Esa es la importancia práctica de reconocer el patrimonio arquitectónico de una ciudad, protegerlo y restaurarlo, no borrarlo ni cambiarlo, de modo que perdure por generaciones para que así se enteren cómo vivieron y se desarrollaron sus antepasados y cómo proyectaron el futuro.

Lamentablemente, el tránsito acelerado de nuestra sociedad impide que uno pueda detenerse a observar la ciudad y percatarse de elementos que la hacen diferente o destacable. En este punto es relevante observar el fenómeno que está ocurriendo en Concepción, la capital regional del Bío-Bío.

El terremoto de 1939, derrumbó la ciudad, que por entonces tenía una vida muy pausada, rodeada por la ruralidad, chacras, ó transporte a tracción animal. En esos años, el presidente Pedro Aguirre Cerda vio la oportunidad para transformar a Chile en un país industrializado, levantando a la Corfo, la CAP o la Enap, entre muchas otras, y también generó un proceso de reconstrucción con el cual Concepción comenzó desde los años ‘40 un desarrollo arquitectónico que le otorgaría una identidad, que hoy muchos habitantes desconocen.

Por ejemplo, los visitantes que llegaban en ferrocarril a nuestra ciudad, ingresaban por la emblemática Estación Central de Concepción (hoy intendencia y gobierno regional), identificada por su mural aún existente (declarado monumento histórico el año 2008) y por una gran torre con reloj, en los que uno sabía la hora de llegada y de regreso, sin embargo a raíz del “desarrollo”, el año 2000 no fue considerado patrimonial, por lo que no existió restauración, sino que una “reinterpretación”, siendo reemplazado por un reloj digital cuya hora no se ve y ni siquiera funciona.

Posteriormente recorrían la calle Barros Arana, contemplando galerías comerciales, grandes portales, y marquesinas perfectas para una zona de frecuentes lluvias como Concepción, pasando por la Plaza de la Independencia, rodeada por una catedral, la Municipalidad y la Intendencia, y otros edificios que tampoco han sido restaurados, sino que borrados y reemplazados por estructuras de vidrio y acero.

En el mismo eje Barros Arana hay otros ejemplos: la destrucción de la fachada del antiguo Hotel Ritz en la esquina de Aníbal Pinto y como si esto fuera poco la desafortunada intervención de nuestro Palacio Castellón, por lo que esperemos que esta tendencia por el desarrollo no termine por destruir y borrar nuestra historia.

Aún en Concepción se conserva quizás el símbolo más imponente de esta ciudad post terremoto del ’39: el Edificio de Tribunales. Construido en 1949, ocupa la manzana completa, puede ser recorrido visual y peatonalmente por todo su espacio, como un eje que dirige la mirada y el andar desde Barros Arana hacia la Diagonal Pedro Aguirre Cerda que concluye en la Plaza Perú, y de esta hacia la Universidad de Concepción, que presenta otra gran torre, también con reloj: El Campanil, que junto al Arco de Medicina, levantado entre 1948 a 1954, son una insignia y una fotografía obligada para todo turista que finalmente aquí sabe que está en Concepción.

Entonces, si nuestra historia es relevante y nuestro patrimonio es historia, ¿por qué no conservamos nuestra historia?, ¿por qué borramos nuestro pasado y comenzamos cada vez desde cero?

En una sociedad consumista y práctica, la restauración o el cuidado tiene mayor costo en dinero y en tiempo, pero con esa mentalidad pronto veremos reemplazados los palafitos de Chiloé por modernos edificios de acero. Bien cabe un corolario para esta columna: Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro. Cuidemos el Patrimonio Arquitectónico de nuestras ciudades.

Los invito a seguirme en mi red de Twitter: mikikoforever para que estemos en contacto.

José Miguel Peña Virgili.

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Estudiar arquitectura sin morir en el intento

Hola, soy José Miguel Peña Virgili y para comenzar en este apasionado mundo del blogging, voy a reflexionar un poco sobre mi época universitaria, donde di el máximo de mí mientras aprendía a ser arquitecto. Pero no voy a escribir sobre el oficio -no creo saber nada tan revelador al respecto como para tener que compartirlo con otros- sino que hablaré sobre ser un estudiante de arquitectura, y todas las lecciones de vida que eso te deja.

A mí me costaba sacarme buenas notas en arquitectura –de hecho, todavía no entiendo cómo sobreviví a primer año, a decir verdad. Estudiar arquitectura es sobrecogedor, apabulla aprender a leer, escribir y hablar en el lenguaje del “diseño”, un lenguaje que no entiendes pese a que ha rodeado tu vida desde el primer recuerdo hasta el día presente. Perdí el trabajando arduamente durante noches enteras para recibir sólo críticas negativas al día siguiente, al entregar. Como todo universitario me cuestioné si valía la pena estudiar y romperse el lomo semestre a semestre, semana a semana, entrega a entrega. Yo no era un alumno aventajado, de esos que dibujaban en plano o manejaban los conceptos de sección y perspectiva casi como ponerse desodorante todos los días… Todas sus ideas parecían siempre estar en lo correcto, y además, y esto es muy importante, sabían «vender» sus entregas a las comisiones evaluadoras.

Tras graduarme, comencé mi carrera de arquitecto y ha sido un largo viaje en el que me he convertido en un profesional; en un hombre con una caja de herramientas y destreza en mi campo.

Les quiero compartir un listado de cosas que aprendí estudiando arquitectura y que no enseñan en la sala de clases. Todas estas cosas me ayudaron a recorrer este sendero, crecer y convertirme en quién soy hoy en día.

7 cosas que no te enseñan en arquitectura y aprenderás en el camino.

 1.- Tu profesor, tu cliente.

Debes hacer que tus profesores estén tan convencidos como tú, de tu tarea; así como cualquier cliente que acepta formar parte de un proyecto, necesitas que entiendan que hay coherencia y adhesión entre la pauta y tu diseño, como mínimo. (Reforzaré esta en el punto 5, más abajo). En el mercado general, la empresa que mejor puede transmitir sus valores e ideas en el medio que corresponda, suele ser la empresa que consigue más clientes, más ventas y mejores ofertas. De la misma forma, el alumno que mejor explique su punto, es probablemente a quien le vaya mejor.

Ser profesional es lo más importante. Créete el cuento, tus profesores también tienen una vida fuera de la sala y es un buen camino demostrar respeto por su tiempo y labor trabajando según sus conocimientos, consejos y guías. No olvides nunca que si necesitas ayuda, debes pedirla. Es importante estar consciente de tus capacidades y de la optimización de recursos personales en cada proyecto que emprendas. Entender a tu profesor (y futuros clientes) te ayudará mucho a entender y valorar sus conocimientos y motivaciones. Es más fácil estar preparado y saber a qué atenerte si te tomas el tiempo de conocer las sensibilidades de tus clientes a la hora de presentar tus proyectos.

2.- Tienes que tener pasión.

Se sabe que llegará cierto momento en el que todo estudiante de arquitectura se desanimará y perderá la fuerza que lo motiva. Es muy importante hacer una pausa  para analizar y entender qué pasó. Cambia el foco y no dejes que nada interfiera entre tú y tu pasión. Nunca sientas que estás haciendo el trabajo porque debes hacerlo. Siempre debes buscar qué es lo que quieres hacer porque te motiva y quieres hacerlo para ti o para cualquiera que lo pueda apreciar. Sufrir en el proceso, ¿vale la pena? Responde esta pregunta desde el fondo de tu ser y sigue adelante.

3.- Ganar o perder no vale.

Lo más importante es llegar a un consenso entre el proceso realizado y los resultados obtenidos. Al fin y al cabo, la arquitectura siempre será subjetiva. La comisión evaluadora no verá que pasaste de largo trabajando la noche anterior, luchando con la silicona que no se derretía como corresponde para armar la maqueta o con que el cansancio te nubló la vista y una cota en el transcurso de la noche, perdió su límite. Van a obviar elementos que a ti te parecen interesantes y por otra parte, también podrían considerar aspectos que sin querer ellos ven y tú no. Para qué hablar si no les gusta la entrega… Es cuestión de opiniones y de ellas hay muchas. A la larga, te harás el tiempo y la paciencia para preocuparte sólo de la tuya. No midas tus éxitos con reglas ajenas porque necesitas tener tus propias reglas. Conocerás cuáles son tus estándares, tus objetivos personales y las metas que quieres concretar al término de cada entrega.  Esto, a mi juicio, es más importante que intentar complacer al resto. Documenta todo tu trabajo, compártelo en la red, en comunidades, foros y sitios de arquitectura, no temas a mostrar tu trabajo. La crítica constructiva funcionará a tu favor si pierdes el miedo de mostrar lo que haces. Podrás satisfacer tus propias expectativas y crecerás experimentando el talento de la interacción entre los diálogos que puedan desarrollarse con tus pares.

4.- Todo es una fuente de aprendizaje.

Como estudiante de arquitectura, no debes restringir tus influencias sólo a profesores y colegas, es importante contar con ellos, pero la mejor fuente de inspiración es estar atento a lo que está pasando en la industria. Conocerás distintos puntos de vista, quizás algunos que nunca habías imaginado, los que te ayudarán a resolver problemas saliendo de la lógica típica a la que uno se expone.

Comienza por redactar pautas de tus proyectos, tratando de resolver temáticas que te apasionen, como acceso a áreas deportivas o zonas de esparcimiento y recreación si te parece. Asiste a clases de arqueología, cerámica, ciencias biológicas si te parece, pero haz que crezca tu caja de herramientas intelectuales y aprende a pensar en arquitectura desde todas las aristas.

5.- Traspasa las reglas.

Un brief es una base. Los profesores siempre darán una guía de lo que deberás hacer según lo enseñado, pero la idea es aplicar lo aprendido y deberás ir más allá de los requerimientos mínimos dictados por la pauta. Obviamente hay reglas que no podrás romper: “el edificio debe ser de cuatro pisos” o “la construcción debe estar 5 metros más allá de la vereda”, no obstante, si se te ocurre una mejor solución, puedes renegociar la pauta, explicando y entendiendo por qué lo estás solicitando. La mejor herramienta es hacerse preguntas, cuestionar todo te llevará a mejores descubrimientos. No habrán respuestas correctas y sólo dependerá de a quién se la hagas.

A futuro, te servirá más desafiar las reglas y preguntarte todo lo necesario para dar el máximo que estar cumpliendo los encargos al mínimo, sólo por entregar lo que pide el profesor, sin reflexionar sobre lo que debes crear. Plantéate la idea de trabajar en arquitectura desde el cómo funciona en vez de preguntarte: cómo se verá. Lograrás destacar de entre la multitud si logras proponer ideas nuevas que aporten a la sociedad, es la única manera de encontrarle el valor a tu trabajo y tus esfuerzos empleados.

6.- Aprende a gestionar proyectos.

Si te toca ser el jefe de proyecto, no sólo deberás tener alma de líder. Aprenderás que todo lo que se pueda demorar, se va a demorar. Esto pasará mientras estés en la universidad, en tu futuro trabajo; en la vida en general.  Yo creo que esto funciona de este modo porque la arquitectura es una labor tanto cualitativa como cuantitativa, lo que nos hace renegar de la línea de meta. Nunca he sentido que uno de mis trabajos es “perfecto”, y sé que todos mis colegas hubiesen querido hacer por lo menos una cosa distinta en al menos un proyecto de su carrera. Un equipo, debe trabajar juntos. Deben entender la importancia del trabajo que cada uno está haciendo. Esto te ayudará a entender en dónde hacer cuánto, permitiéndote tomar decisiones informadas como jefe de un grupo que da lo mejor para sí y para el resto, pero sin tener que esforzarse por cinco. Ser un buen líder dependerá de tu buena gestión de los recursos humanos y tus habilidades de compañerismo, nada más.

7.- Necesitas mejorar en todo ámbito.

La capacidad de comunicar tus ideas y proyectos es fundamental. Necesitas manejar el lenguaje verbal, escrito y visual. Esas serán tus herramientas y deberás saber bien cómo usarlas. Mucho mejor que Tus herramientas y capacidades de expresión serán tus mejores aliados. A veces, saber buscar bien, usar más de un programa CAD o trabajar trabajar pensando en cortar con láser en vez de usar el corta cartón, te puede salvar en un proyecto.

No debes fuera establecer vínculos con personas dentro como fuera de la universidad. Muchos estudios de arquitectos se forjaron por amigos que se conocieron en la universidad. Más allá de gente confiable hoy, piensa en que tendrás contactos a futuro. Construye estos lazos porque fortalecerá tus conocimientos respecto a la industria y mejorará las relaciones profesionales el día de mañana.

Estos son algunos de los consejos y enseñanzas adquiridas a lo largo de mi carrera. He visto a muchos alumnos coartar sus posibilidades para comenzar a trabajar porque se negaron a la posibilidad de experimentar y descubrir más allá de la pauta. No te anticipes a obtener un resultado. La investigación, los recursos, el equipo que utilices y el foco se cerrará sólo a este resultado fijo. Por el contrario, si te propones dar un paso más allá del brief, podrás ser más proactivo, resultarán los planes desde imprevistos interesantes y tendrás un enfoque más natural durante el desarrollo de tus proyectos.

Encontrar tus propias respuestas es la clave. Nadie puede enseñarte nada si no te atreves a crear con tus propias manos y a expandir tus horizontes por voluntad propia.

Espero que esta reflexión los guíe. Ya me hubiese gustado tener más herramientas comunicacionales en mi época, pero a otro perro con ese hueso.

Nos leemos pronto.

José Miguel Peña Virgili.

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