Planos del futuro terminal 2 de Valparaíso.

La urgencia que tiene Valparaíso por reconstruir su insfraestructura portuaria sin descuidar su patrimonio

 

En toda una polémica local y regional se transformaron los proyectos de construcción del nuevo Terminal 2 del Puerto de Valparaíso y la edificación de un mall en el sector Barón del Puerto.

Pero, como muchas veces, es necesario tener una o varias miradas en perspectiva, para intentar rescatar los elementos positivos o negativos de estas obras que son más que proyectos, porque ya han pasado etapas de evaluación, y se encuentran muy avanzadas hacia su concreción.

Una ciudadanía empoderada no es la que se atreve a exigir acciones a sus autoridades, sino que antes se necesita con urgencia que esa ciudadanía tenga las informaciones y las perspectivas más completas para que sus determinaciones tengan el suficiente fundamento que sirva para que esas exigencias apunten al crecimiento y no a la autodestrucción.

Lo primero es convenir que Valparaíso es una ciudad puerto, que históricamente ha brillado en Chile y en el mundo por su importancia en ese contexto.

La esencia y riqueza total de la ciudad nace y puede morir en ser lugar de tránsito para la llegada y salida de mercancías, fundamentalmente, de todo el país, e incluso internacional.

Pero esa naturaleza tiene desafíos trascendentales, que más allá de discusiones acerca de detalles que pueden ser muy relevantes, la mirada en perspectiva debe obligarnos a observar.

Se dice mundialmente que el rendimiento de un puerto es el mejor indicador acerca del nivel de la economía, y quizás de la calidad de vida de una nación.

Ese ha sido el barómetro que significa Valparaíso para Chile. El puerto es primero, es lo que da razón y existencia a la ciudad que se levantó a su alrededor y en su nombre. Luego, ese conjunto sinérgico es lo que ha dado fama y reconocimiento mundial por su patrimonio cultural por cerca de 500 años.

Si el puerto es lo que dio vida a la ciudad, entonces la principal preocupación para el país y para todos debiera ser el cuidado de su desarrollo junto con la precaución ante las amenazas a estas condiciones.

Valparaíso no está dentro de los 20 principales puertos del mundo que informa el Top World Container Ports, ni tampoco dentro de los puertos más destacados del Océano Pacífico, lugar que por lejos ocupan los países y zonas del lado asiático como China, Singapur, Malasia, Hong Kong, o Corea del Sur.

Por el lado americano existen competidores muy fuertes que avanzan a pasos agigantados como Long Beach y Los Ángeles en Estados Unidos, Panamá, Guayaquil y Manta en Ecuador, El Callao en el Perú, e incluso los puertos de Arica y San Antonio en Chile, el primero de ello ayudado por el tránsito permanente de un cuarto de las exportaciones de Bolivia, mientras “Pancho” arriesga dormirse en los laureles.

Internacionalmente el movimiento de un puerto se mide en TEU, que en promedio corresponde a la carga o descarga de contenedores de 20 pies, ubicando a los puertos asiáticos por entre 20 a 35 millones de unidades al año, mientras Valparaíso mueve solo 1 millón, que aunque sigue siendo de los mayores en América, ya ha tocado techo con la actual infraestructura, mientras sus competidores como El Callao, según datos de la Comunidad Andina, crece exponencialmente por sobre el 2,3%.

En ese contexto, no cabe otra conclusión que la necesidad de sobrevivencia de construir el Terminal 2 del puerto.

La discusión entonces se une en perspectiva a la del mal del sector Barón, y se alinea con polémicas en otras zonas de Chile, como fue el levantamiento de un centro comercial en Chiloé: Ante la necesidad el problema no es si construir o no construir, sino que hacerlo en armonía para potenciar el patrimonio y la identidad de una geografía natural o urbana.

Desde el año 1850 Valparaíso ha hecho noticia por destructivos e irreparables incendios de sus construcciones patrimoniales, lo que incluso provocó la fundación en el país del cuerpo de Bomberos, pero que hasta nuestros días  dan cuenta de una necesidad urgente de protección que debiera ser más importante incluso que el miedo a nuevas construcciones que pudieran impedir verlas, descubrirlas, o por cierto reemplazarlas.

El año 2010 con posterioridad al Terremoto del 27/F, nació en Chile el Fondo del Patrimonio Cultural que desde entonces reúne aportes privados y públicos entorno a los $5 mil millones de pesos anuales para la restauración y conservación de sitios y obras urbanas de esas características.

Sin duda fue un salto necesario y positivo para Chile, pero es absolutamente insuficiente para las reales necesidades, no olvidemos que el paso del tiempo implora cada vez con mayor urgencia ocuparse de las obras del pasado del puerto de Valparaíso, incluso más que de su presente.

Mi columna también fue publicada en el siguiente sitio:

Valparaíso requiere mayor infraestructura y cuidado de su patrimonio

Espero sus comentarios.

Saludos.

José Miguel Peña Virgili.

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Torre

La Torre Entel: Los casi 42 años de un ícono urbanístico santiaguino

Saludos a todos. Les escribo, para hablarles de uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura capitalina: la Torre Entel.

Terminada de erigir el 30 de agosto de 1974, este edificio es hoy una de las principales atracciones para los turistas que desean una postal santiaguina imperdible. Sus más de 120 metros de altura, su estilo futurista, las luces que anuncian su presencia desde varios kilómetros a lo lejos y todo lo que significa para muchos en términos de orientación, la vinculan con un pasado reciente de crecimiento y vanguardia arquitectónica.

Si bien fue construida en una década ajetreada políticamente y en medio de paralizaciones y descontento por parte de los trabajadores de la compañía, tardó apenas 4 años tras su finalización para comenzar a ser el lugar de operaciones de todos los equipos que cursan el tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza, la Red Troncal Nacional sur y norte y, además, el punto de interconexión entre los servicios públicos de telefonía, televisión y radiodifusión.

Este edificio fue pensado como “La Torre Eiffel chilena” en 1967, fecha en la que se llamó a cuatro oficinas de arquitectos a concursar en su diseño. La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz, quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández.

Me declaro plenamente de acuerdo con las palabras del arquitecto Sebastián Gray en Plataforma Urbana cuando dice que esta torre es “icónica y fuera de lo común” y que, de hecho, “el conjunto que rodea a la torre es un buen marco, y a nivel de paisaje urbano está muy bien concebido”. Todo esto porque se sitúa en pleno centro de la ciudad –Alameda con Amunátegui, a metros de La Moneda- y en las inmediaciones de barrios patrimoniales que se enriquecen enormemente con su presencia.

Sin embargo, es en 1992 cuando se instala una tradición para esta torre que termina por envolver a toda la ciudadanía chilena. Ese año, tras una ardua planificación, se celebra la fiesta de año nuevo con un espectacular lanzamiento de fuegos artificiales desde casi 100 metro de altura, en un show pirotécnico que puede ser visto desde casi cualquier rincón de la ciudad.

La gracia de la existencia de íconos como este en las grandes ciudades va mucho más allá de la mera funcionalidad de una estructura tan alta como bien aprovechada. Urbanísticamente hablando, es importante  en la carta de presentación de una capital como Santiago, la aparición de elementos, tanto naturales como de obra humana, que permitan diferenciar su paisaje de cualquier otra urbe del mundo. En el caso de la Torre Entel, es tremendamente nutritivo el aporte que genera en una de las áreas más agitadas y es apreciable el valor agregado que le traspasa al bandejón de la Avenida Libertador Bernardo O´Higgins, al cerro Santa Lucía, la casa de gobierno y el cerro San Cristóbal, cada uno visible desde la cima del otro, como los hermanos más notables en una panorámica citadina de hermosos contrastes.

¿Qué tan suya siente el santiaguino a esta torre?

Espero sus opiniones y comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

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Santiago y su smog

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2.000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.

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Gran iglesia amarilla de San Francisco en Chiloé

Una nueva muestra del legado cultura de las iglesias en Chiloé

Estimados seguidores, como ya deben saber, mi nombre es José Miguel Peña Virgili y, en esta ocasión, les quiero comentar acerca de una destacada acción de rescate de lo patrimonial, por parte de una institución que le da vigor a su posición en el país.

El pasado 26 de mayo se realizó la ceremonia de inauguración de “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”, exposición realizada por la Dirección de Extensión de la FAU y que contó con la charla magistral de Diego Ramírez, arquitecto egresado de la FAU, quien presentó su trabajo como parte del Programa Chiloé de la Facultad.

Este programa, con más de 40 laboriosos años de existencia, es el origen de un estudio acabado que vio sus primeros frutos en el año 2000, en la obra de los profesores Yoshiko Nakashima y Patricio Basáez. En febrero de 1976 fue cuando se dio inicio al estudio de la arquitectura de Chiloé mediante el “Programa de Protección y Desarrollo del Patrimonio Arquitectónico de Chiloé”. Luego de esa fecha, se publicó un libro temático y se presentó en Madrid un proyecto de financiamiento para la restauración de algunas iglesias.

Con el largo paso de los años, el proyecto fue ganando fuerza y una enorme trayectoria, con exposiciones fotográficas itinerantes y una retribución constante de conocimientos mediante cursos de extensión impartidos a los profesores de Ancud. Además, la puesta en escena de este tema en seminarios en Europa y la difusión del material investigativo en otras ciudades de Chile, terminó por otorgarles a las iglesias de Chiloé el merecido sitial que hoy ostentan en el panorama cultural nacional.

La expo hoy

En la casona de la FAU se presenta esta exposición, con fotografías y maquetas de  iglesias -como la de Achao, Aldachildo, Castro, Chonchi, Colo, Dalcahue, Detif, Ichuac, Nercon, Quinchao, Rilan, San Juan, Tenaun, Vilipulli, Chelin y Caguach- de forma gratuita, para todo público y hasta el 28 de junio.

La principal virtud de este maduro vínculo entre la Universidad de Chile y Chiloé es el mutualismo surgido entre dos íconos de nuestro patrimonio, que se sirven entre sí para dar rescate al legado arquitectónico y cultural nacional, gracias a estudios que no buscan simplemente observar y analizar en silencio, sino que se manchan las manos con el ajetreo de la restauración y mantención de aquello que los convoca.

En Chile, la labor del área estudiantil está plenamente aprovechado en proyectos como éste, puesto que generan lazos con otros entes académicos y fomentan el turismo, la identidad y la ciencia, entregándole valor a construcciones representativas de la isla de Chiloé. Como parte del Patrimonio de la Humanidad, las iglesias de Chiloé tienen más de un siglo de existencia y describen pedazos de la vida de este pueblo, siendo, un efecto de su estudio, el mejor entendimiento de la historia trazada bajo cada una de sus construcciones.

Es vital el impulso ciudadano a la labor de la FAU en este proyecto. El conocimiento de quiénes somos, a pesar de ser tarea de todos, surge de las manos de quienes están llamados a ser los motores de difusión de un presente y pasado que nos congrega a todos como sociedad y que, en estas pequeñas exhibiciones, ofrece una oportunidad única de acercamiento.

Si la Universidad de Chile ya cumplió su labor, si el mundo está reconociendo la belleza de una herencia cultural, si todo está tan cerca, ¿cumplirá usted visitando “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”? Los invito a que compartamos nuestros pensamientos y opiniones. Saludos.

José Miguel Peña Virgili

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Estudiantes marchando por la Alameda

Unas primarias deshabitadas: ¿de quién es la democracia?

Si bien debería movilizar masas e invocar sentidos de pertenencia en todos los sectores, las primarias electorales de 93 comunas del país, llevadas a cabo este día domingo 19 de junio, fue un absoluto fracaso en convocatoria. Los motivos, para muchos relacionados con la celebración del Día del Padre y con los festejos post goleada futbolera, fueron el reflejo de múltiples factores que hacen que la democracia, en nuestros tiempos, no sea prioridad. Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del Bío-Bío y les quiero hacer algunos comentarios al respecto de nuestra cada vez menos colorida “fiesta de la democracia”.

El duopolio, instalado tras la salida del poder de la dictadura, ha visto pasar por su lado a decenas de partidos y candidatos independientes que han florecido tan rápido como marchitado. La Nueva Mayoría y Chile Vamos, hoy denominados de manera renovada luego de portar nombres que dejaron de gozar de prestigio –si alguna vez lo tuvieron-, son la cara más visible de un proceso que está empezando a consolidar los síntomas de hastío que arrastra desde hace algunos años.

A pesar de que la escasa participación ya es un problema en sí mismo, más grave resulta aún el hecho de que no hace falta superar el pobre 6% de participación del domingo para que una u otra coalición alcance puestos públicos, pues ocurre que hemos dejado de atender la profunda relación que tiene la democracia con la representatividad y el hecho de pertenecernos, en cierta medida, a todos como país.

La idea de volver a instaurar el voto obligatorio no es más que una salida simplista a una crisis política altamente honda, que no requiere una inclusión en urnas sino en ideas, entendiendo que las decisiones nacionales son patrimonio de todos. Cuestionamientos al sistema de transportes, el descontento en educación, la eterna problemática de la salud y unas políticas habitacionales prácticamente desreguladas, son la piedra angular de una flagrante omisión de los deberes cívicos en respuesta a una sensación de indolencia generalizada en la ciudadanía frente a sus demandas a las autoridades.

No hemos de olvidar la escasa representatividad con la que el actual gobierno llegó al poder y los muchos llamados que se hicieron a “renovar la política” de parte de todos los sectores. Además, se sigue profundizando aquella estadística en cada encuesta de medición de la satisfacción ciudadana, que sólo han servido para quitarle el respaldo a una clase poderosa que ha sido infinitamente menos práctica de lo que se esperaba, entrampándose en burocracias y procesos inconducentes.

Como arquitecto y constante interesado en las temáticas sociales, considero que es hora de un cambio en la manera en que las grandes problemáticas se asumen. La resolución de problemas no debe dar más trabajo, sino simplemente respuestas. Es necesario que volvamos a creer en que sirve de algo ponernos de acuerdo y empecemos a cosechar los frutos de ser una de las sociedades de mejor pasar en este rincón del planeta, haciéndonos cargo de una democracia que, aunque no queramos verlo, nos pertenece a todos.

Al parecer, las brechas que siempre hemos querido acortar se han alargado tanto, que ya es imposible generar el punto medio de antaño, que nos reunía a todos en torno a una urna. Hoy, quien está por descansar en una de ellas, es la democracia misma y la soledad completa en que quedó abandonada. Y no en una urna de papeletas, precisamente.

¿De qué forma creen ustedes que puede volver a acercarse la política a la gente?

¿Qué tan claro tenemos que los cambios se hacen desde adentro y no desde la pereza?

Espero sus comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

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Playboy Town House

La arquitectura de Playboy y la fantasía masculina

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En este interesante artículo con una breve entrevista a Beatriz Colomina, curadora de la exposición “Playboy Architecture: 1953-1979”, se toca un tema que usualmente a los arquitectos se nos va olvidando —o, más bien, descuidamos un poco a lo largo de nuestras carreras— y es el tema de cómo afecta la arquitectura al individuo. No me refiero específicamente al efecto inmediato, que tiene más qué ver con las condiciones en las que se vive en el espacio articulado, si no al efecto a largo plazo: cómo se siente el individuo rodeado de edificaciones y diseño, y cómo cambian sus ideas según su paisaje.

O, en palabras de Colomina, acotándose a la exposición que curó: “Playboy no sólo exhibía arquitectos. Daban lecciones al autor en arte y diseño. Usaban la arquitectura como utilería para fantasías sexuales. De hecho, Playboy no podría existir sin la arquitectura. Con una cantidad enorme de lectores—7 millones de copias vendidas por número en su punto más álgido, en 1972—la revista hizo más por divulgar el diseño y la arquitectura moderna que cualquier otra revista de arquitectura o cualquier institución, como el MoMA.“

Es una entrevista muy interesante, que toca temas que podrían caer en la curiosidad sin el enfoque antropológico que esta exposición le da al tema. Una lectura muy recomendada desde mi punto de vista.

Espero sus comentarios y opiniones.

José Miguel Peña Virgili.

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Museo de historia natural de Ontario

El problema de Ontario con la cultura y la arquitectura

La arquitectura y su impacto en la sociedad son tan importantes como el arte y la historia para la cultura de un pueblo, pues los edificios son patrimonios “encarnados”; estructuras físicas que dicen cosas sobre un grupo humano que ningún otro medio de expresión y diseño pueden comunicar.

Menciono esto a propósito de un proceso ciudadano para rescatar el patrimonio cultural de Ontario, donde se promueve una sociedad donde la inclusión en el quehacer cultural sea central para “fortalecer una comunidad basada en las artes, la cultura y la herencia”. Sin embargo, y como mencionaba anteriormente, ignorar la importancia del patrimonio arquitectónico y su rol formativo y representativo en la cultura de un lugar es peligroso, más aún si se está escribiendo un documento que busca proteger patrimonio cultural.

Podrían aprender algo de nosotros en Canadá, por no proteger nuestro patrimonio como corresponde —y no hablo sólo de los edificios importantes; casas, edificios residenciales, locales comerciales incluso— estamos en esta nefasta situación en que las inmobiliarias se sienten dueñas del paisaje local y pueden armar proyectos en donde se les ocurra a la escala que quieran sin pensar en cómo pueden afectar sus obras al entorno.

Los invito a compartir y opinar libremente.

José Miguel Peña Virgili.

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Cinco películas donde la arquitectura es importante

Desde pequeño, mi vieja me decía: “José Miguel Peña Virgili, tú serás cineasta”. El cine es un arte que me apasiona mucho. Me transporta a paisajes, parajes y múltiples escenarios que jamás pensé descubrir. Buscando en internet, encontré este listado de cinco películas donde la arquitectura juega un papel muy importante en el desarrollo de la trama. Personalmente, me parece maravilloso que alguien más comparta mi opinión acerca del rol de la arquitectura a la hora de contar historias en cine, y me sorprendió gratamente ver North by Northwest de Hitchcock en la lista.

“Este lío de espías lo tiene todo: el monte Rushmore, el hotel Plaza, el edificio de las Naciones Unidas—y una casa inspirada en el trabajo de Frank Lloyd Wright (estaba fuera de todo presupuesto contratar al arquitecto en persona). Ah, sí, también sale Cary Grant.”

Me hubiese gustado ver una película de gusto un poco más complejo, como Cremaster 3, donde la protagonista de la película es la Torre Chrysler, pero considero que este listado es una buena forma para empezar a entender la importancia de la arquitectura en el arte contemporáneo.

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Conceoción, una ciudad muy distinta a todas.

Día del Patrimonio Cultural: ¿Qué nos hace sentir que estamos en Concepción?

 

Hola, amigos.

Para los que aún no saben, soy José Miguel Peña Virgili y como arquitecto de la Universidad del Bío-Bío, quiero hablar sobre el hecho de que este 29 de mayo nuestro país conmemora el Día del Patrimonio Cultural, momento para recorrer obras artísticas, ver esculturas o monumentos nacionales, pero también es la oportunidad para que la sociedad reflexione acerca de la importancia de cuidar la memoria, reflejada en su patrimonio arquitectónico.

Desde el punto de vista legal, en Chile existe desde el año 1970 la Ley 17.288 que protege los monumentos históricos, públicos o arqueológicos, las zonas típicas y los santuarios de la naturaleza. Mientras, en el año 1972 la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), reunida en una convención mundial en París, definió que “Patrimonio Cultural” también son los monumentos y obras arquitectónicas, las obras de arte o arqueológicas, las construcciones humanas aisladas o reunidas, cuya arquitectura les da un valor excepcional, desde el punto vista histórico.

Entonces, la pregunta es ¿qué nos hace sentir que estamos en Talcahuano, en Chiguayante, en San Pedro de la Paz, en Penco, en Concepción o en cualquier otra ciudad del país?, ¿qué hace diferente a una ciudad y por consecuencia a sus ciudadanos de otra?

Esa es la importancia práctica de reconocer el patrimonio arquitectónico de una ciudad, protegerlo y restaurarlo, no borrarlo ni cambiarlo, de modo que perdure por generaciones para que así se enteren cómo vivieron y se desarrollaron sus antepasados y cómo proyectaron el futuro.

Lamentablemente, el tránsito acelerado de nuestra sociedad impide que uno pueda detenerse a observar la ciudad y percatarse de elementos que la hacen diferente o destacable. En este punto es relevante observar el fenómeno que está ocurriendo en Concepción, la capital regional del Bío-Bío.

El terremoto de 1939, derrumbó la ciudad, que por entonces tenía una vida muy pausada, rodeada por la ruralidad, chacras, ó transporte a tracción animal. En esos años, el presidente Pedro Aguirre Cerda vio la oportunidad para transformar a Chile en un país industrializado, levantando a la Corfo, la CAP o la Enap, entre muchas otras, y también generó un proceso de reconstrucción con el cual Concepción comenzó desde los años ‘40 un desarrollo arquitectónico que le otorgaría una identidad, que hoy muchos habitantes desconocen.

Por ejemplo, los visitantes que llegaban en ferrocarril a nuestra ciudad, ingresaban por la emblemática Estación Central de Concepción (hoy intendencia y gobierno regional), identificada por su mural aún existente (declarado monumento histórico el año 2008) y por una gran torre con reloj, en los que uno sabía la hora de llegada y de regreso, sin embargo a raíz del “desarrollo”, el año 2000 no fue considerado patrimonial, por lo que no existió restauración, sino que una “reinterpretación”, siendo reemplazado por un reloj digital cuya hora no se ve y ni siquiera funciona.

Posteriormente recorrían la calle Barros Arana, contemplando galerías comerciales, grandes portales, y marquesinas perfectas para una zona de frecuentes lluvias como Concepción, pasando por la Plaza de la Independencia, rodeada por una catedral, la Municipalidad y la Intendencia, y otros edificios que tampoco han sido restaurados, sino que borrados y reemplazados por estructuras de vidrio y acero.

En el mismo eje Barros Arana hay otros ejemplos: la destrucción de la fachada del antiguo Hotel Ritz en la esquina de Aníbal Pinto y como si esto fuera poco la desafortunada intervención de nuestro Palacio Castellón, por lo que esperemos que esta tendencia por el desarrollo no termine por destruir y borrar nuestra historia.

Aún en Concepción se conserva quizás el símbolo más imponente de esta ciudad post terremoto del ’39: el Edificio de Tribunales. Construido en 1949, ocupa la manzana completa, puede ser recorrido visual y peatonalmente por todo su espacio, como un eje que dirige la mirada y el andar desde Barros Arana hacia la Diagonal Pedro Aguirre Cerda que concluye en la Plaza Perú, y de esta hacia la Universidad de Concepción, que presenta otra gran torre, también con reloj: El Campanil, que junto al Arco de Medicina, levantado entre 1948 a 1954, son una insignia y una fotografía obligada para todo turista que finalmente aquí sabe que está en Concepción.

Entonces, si nuestra historia es relevante y nuestro patrimonio es historia, ¿por qué no conservamos nuestra historia?, ¿por qué borramos nuestro pasado y comenzamos cada vez desde cero?

En una sociedad consumista y práctica, la restauración o el cuidado tiene mayor costo en dinero y en tiempo, pero con esa mentalidad pronto veremos reemplazados los palafitos de Chiloé por modernos edificios de acero. Bien cabe un corolario para esta columna: Un pueblo sin memoria, es un pueblo sin futuro. Cuidemos el Patrimonio Arquitectónico de nuestras ciudades.

Los invito a seguirme en mi red de Twitter: mikikoforever para que estemos en contacto.

José Miguel Peña Virgili.

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Estudiar arquitectura sin morir en el intento

Hola, soy José Miguel Peña Virgili y para comenzar en este apasionado mundo del blogging, voy a reflexionar un poco sobre mi época universitaria, donde di el máximo de mí mientras aprendía a ser arquitecto. Pero no voy a escribir sobre el oficio -no creo saber nada tan revelador al respecto como para tener que compartirlo con otros- sino que hablaré sobre ser un estudiante de arquitectura, y todas las lecciones de vida que eso te deja.

A mí me costaba sacarme buenas notas en arquitectura –de hecho, todavía no entiendo cómo sobreviví a primer año, a decir verdad. Estudiar arquitectura es sobrecogedor, apabulla aprender a leer, escribir y hablar en el lenguaje del “diseño”, un lenguaje que no entiendes pese a que ha rodeado tu vida desde el primer recuerdo hasta el día presente. Perdí el trabajando arduamente durante noches enteras para recibir sólo críticas negativas al día siguiente, al entregar. Como todo universitario me cuestioné si valía la pena estudiar y romperse el lomo semestre a semestre, semana a semana, entrega a entrega. Yo no era un alumno aventajado, de esos que dibujaban en plano o manejaban los conceptos de sección y perspectiva casi como ponerse desodorante todos los días… Todas sus ideas parecían siempre estar en lo correcto, y además, y esto es muy importante, sabían «vender» sus entregas a las comisiones evaluadoras.

Tras graduarme, comencé mi carrera de arquitecto y ha sido un largo viaje en el que me he convertido en un profesional; en un hombre con una caja de herramientas y destreza en mi campo.

Les quiero compartir un listado de cosas que aprendí estudiando arquitectura y que no enseñan en la sala de clases. Todas estas cosas me ayudaron a recorrer este sendero, crecer y convertirme en quién soy hoy en día.

7 cosas que no te enseñan en arquitectura y aprenderás en el camino.

 1.- Tu profesor, tu cliente.

Debes hacer que tus profesores estén tan convencidos como tú, de tu tarea; así como cualquier cliente que acepta formar parte de un proyecto, necesitas que entiendan que hay coherencia y adhesión entre la pauta y tu diseño, como mínimo. (Reforzaré esta en el punto 5, más abajo). En el mercado general, la empresa que mejor puede transmitir sus valores e ideas en el medio que corresponda, suele ser la empresa que consigue más clientes, más ventas y mejores ofertas. De la misma forma, el alumno que mejor explique su punto, es probablemente a quien le vaya mejor.

Ser profesional es lo más importante. Créete el cuento, tus profesores también tienen una vida fuera de la sala y es un buen camino demostrar respeto por su tiempo y labor trabajando según sus conocimientos, consejos y guías. No olvides nunca que si necesitas ayuda, debes pedirla. Es importante estar consciente de tus capacidades y de la optimización de recursos personales en cada proyecto que emprendas. Entender a tu profesor (y futuros clientes) te ayudará mucho a entender y valorar sus conocimientos y motivaciones. Es más fácil estar preparado y saber a qué atenerte si te tomas el tiempo de conocer las sensibilidades de tus clientes a la hora de presentar tus proyectos.

2.- Tienes que tener pasión.

Se sabe que llegará cierto momento en el que todo estudiante de arquitectura se desanimará y perderá la fuerza que lo motiva. Es muy importante hacer una pausa  para analizar y entender qué pasó. Cambia el foco y no dejes que nada interfiera entre tú y tu pasión. Nunca sientas que estás haciendo el trabajo porque debes hacerlo. Siempre debes buscar qué es lo que quieres hacer porque te motiva y quieres hacerlo para ti o para cualquiera que lo pueda apreciar. Sufrir en el proceso, ¿vale la pena? Responde esta pregunta desde el fondo de tu ser y sigue adelante.

3.- Ganar o perder no vale.

Lo más importante es llegar a un consenso entre el proceso realizado y los resultados obtenidos. Al fin y al cabo, la arquitectura siempre será subjetiva. La comisión evaluadora no verá que pasaste de largo trabajando la noche anterior, luchando con la silicona que no se derretía como corresponde para armar la maqueta o con que el cansancio te nubló la vista y una cota en el transcurso de la noche, perdió su límite. Van a obviar elementos que a ti te parecen interesantes y por otra parte, también podrían considerar aspectos que sin querer ellos ven y tú no. Para qué hablar si no les gusta la entrega… Es cuestión de opiniones y de ellas hay muchas. A la larga, te harás el tiempo y la paciencia para preocuparte sólo de la tuya. No midas tus éxitos con reglas ajenas porque necesitas tener tus propias reglas. Conocerás cuáles son tus estándares, tus objetivos personales y las metas que quieres concretar al término de cada entrega.  Esto, a mi juicio, es más importante que intentar complacer al resto. Documenta todo tu trabajo, compártelo en la red, en comunidades, foros y sitios de arquitectura, no temas a mostrar tu trabajo. La crítica constructiva funcionará a tu favor si pierdes el miedo de mostrar lo que haces. Podrás satisfacer tus propias expectativas y crecerás experimentando el talento de la interacción entre los diálogos que puedan desarrollarse con tus pares.

4.- Todo es una fuente de aprendizaje.

Como estudiante de arquitectura, no debes restringir tus influencias sólo a profesores y colegas, es importante contar con ellos, pero la mejor fuente de inspiración es estar atento a lo que está pasando en la industria. Conocerás distintos puntos de vista, quizás algunos que nunca habías imaginado, los que te ayudarán a resolver problemas saliendo de la lógica típica a la que uno se expone.

Comienza por redactar pautas de tus proyectos, tratando de resolver temáticas que te apasionen, como acceso a áreas deportivas o zonas de esparcimiento y recreación si te parece. Asiste a clases de arqueología, cerámica, ciencias biológicas si te parece, pero haz que crezca tu caja de herramientas intelectuales y aprende a pensar en arquitectura desde todas las aristas.

5.- Traspasa las reglas.

Un brief es una base. Los profesores siempre darán una guía de lo que deberás hacer según lo enseñado, pero la idea es aplicar lo aprendido y deberás ir más allá de los requerimientos mínimos dictados por la pauta. Obviamente hay reglas que no podrás romper: “el edificio debe ser de cuatro pisos” o “la construcción debe estar 5 metros más allá de la vereda”, no obstante, si se te ocurre una mejor solución, puedes renegociar la pauta, explicando y entendiendo por qué lo estás solicitando. La mejor herramienta es hacerse preguntas, cuestionar todo te llevará a mejores descubrimientos. No habrán respuestas correctas y sólo dependerá de a quién se la hagas.

A futuro, te servirá más desafiar las reglas y preguntarte todo lo necesario para dar el máximo que estar cumpliendo los encargos al mínimo, sólo por entregar lo que pide el profesor, sin reflexionar sobre lo que debes crear. Plantéate la idea de trabajar en arquitectura desde el cómo funciona en vez de preguntarte: cómo se verá. Lograrás destacar de entre la multitud si logras proponer ideas nuevas que aporten a la sociedad, es la única manera de encontrarle el valor a tu trabajo y tus esfuerzos empleados.

6.- Aprende a gestionar proyectos.

Si te toca ser el jefe de proyecto, no sólo deberás tener alma de líder. Aprenderás que todo lo que se pueda demorar, se va a demorar. Esto pasará mientras estés en la universidad, en tu futuro trabajo; en la vida en general.  Yo creo que esto funciona de este modo porque la arquitectura es una labor tanto cualitativa como cuantitativa, lo que nos hace renegar de la línea de meta. Nunca he sentido que uno de mis trabajos es “perfecto”, y sé que todos mis colegas hubiesen querido hacer por lo menos una cosa distinta en al menos un proyecto de su carrera. Un equipo, debe trabajar juntos. Deben entender la importancia del trabajo que cada uno está haciendo. Esto te ayudará a entender en dónde hacer cuánto, permitiéndote tomar decisiones informadas como jefe de un grupo que da lo mejor para sí y para el resto, pero sin tener que esforzarse por cinco. Ser un buen líder dependerá de tu buena gestión de los recursos humanos y tus habilidades de compañerismo, nada más.

7.- Necesitas mejorar en todo ámbito.

La capacidad de comunicar tus ideas y proyectos es fundamental. Necesitas manejar el lenguaje verbal, escrito y visual. Esas serán tus herramientas y deberás saber bien cómo usarlas. Mucho mejor que Tus herramientas y capacidades de expresión serán tus mejores aliados. A veces, saber buscar bien, usar más de un programa CAD o trabajar trabajar pensando en cortar con láser en vez de usar el corta cartón, te puede salvar en un proyecto.

No debes fuera establecer vínculos con personas dentro como fuera de la universidad. Muchos estudios de arquitectos se forjaron por amigos que se conocieron en la universidad. Más allá de gente confiable hoy, piensa en que tendrás contactos a futuro. Construye estos lazos porque fortalecerá tus conocimientos respecto a la industria y mejorará las relaciones profesionales el día de mañana.

Estos son algunos de los consejos y enseñanzas adquiridas a lo largo de mi carrera. He visto a muchos alumnos coartar sus posibilidades para comenzar a trabajar porque se negaron a la posibilidad de experimentar y descubrir más allá de la pauta. No te anticipes a obtener un resultado. La investigación, los recursos, el equipo que utilices y el foco se cerrará sólo a este resultado fijo. Por el contrario, si te propones dar un paso más allá del brief, podrás ser más proactivo, resultarán los planes desde imprevistos interesantes y tendrás un enfoque más natural durante el desarrollo de tus proyectos.

Encontrar tus propias respuestas es la clave. Nadie puede enseñarte nada si no te atreves a crear con tus propias manos y a expandir tus horizontes por voluntad propia.

Espero que esta reflexión los guíe. Ya me hubiese gustado tener más herramientas comunicacionales en mi época, pero a otro perro con ese hueso.

Nos leemos pronto.

José Miguel Peña Virgili.

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